Me parto y me mondo
- 27 ago 2018
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Neil Postman, teórico del mundo de la comunicación, se preguntaba a mediados de los años ochenta por qué nos reímos y por qué hemos dejado de pensar. Venía a decir que, en la sociedad naciente de la posterior telebasura y del infoentretenimiento, la risa sería la cultura de las masas, a cambio de no saber discernir si lo que se nos presentaba en los medios de comunicación era la realidad; me refiero a la de verdad.
La reflexión que se hacía Postman la resumiría trece años después el teórico y profesor de la universidades de Florencia (Italia) y Columbia (EE.UU) Giovanni Sartori, para quien la revolución multimedia, la primacía de la imagen, de lo visible, acabaría definitivamente con el pensamiento abstracto; resumiendo, la conversión del video-niño en un adulto sordo de por vida.
Por tanto, para estos teóricos y muchos más, la televisión se conforma como el artilugio ideal para hacer llegar ese mensaje en perfectas condiciones hacia el incauto elector, quien al parecer se encontraría irremisiblemente afectado por cuantas imágenes le fueran presentadas, sin posibilidad alguna de discernir y de elegir entre tanta y tan gruesa información. Y en estas estaba cuando la otra noche me encontraba delante del aparato en cuestión, sin más armas que el tenedor que utilizaba para llevarme la jugosa ensalada a la boca, en el momento que comenzaba uno de esos telediarios.
Quim Torra, el presidente de Cataluña, la víctima según él, arremetía contra el Estado afirmando que la Comunidad será sí o sí un país. No es no del otro Presidente, que si es medio sí también es no, pero en otros temas no en el la independencia de la región; y en esto que una mujer, minusválida según ella y cuasi atleta olímpica según la Policía, asesinaba a su marido de varias puñaladas con un destornillador, supongo que para hacer el máximo daño posible. Un musulmán gay entra en una comisaría de los Mossos y una “pitufa”, no sé si allí se les llamará así, o “caganet” que va más en consonacia, se lía a tiros con el presunto terrorista. Que no es moco de pavo ver a un tipo con un cuchillo, está la cosa como para pedir explicaciones, mejor liarse a tiros.
Va el tal Pablo Echenique, perdón Don Pablo Echenique que tiene título, según parece porque a otros se los regalan, y quiere arreglar la Guerra Civil Española viniendo de “allende” (nunca mejor dicho), los mares. Cientos de subsaharianos saltan la valla de Ceuta arremetiendo contra la Guardia Civil con cal viva, bolsas de excrementos, incluso sangre. Y los picoletos sin una porra en condiciones para parar a los atléticos inmigrantes que tienen más mala hostia que la que se les presupone a ellos históricamente. No me digan que la realidad no supera a la ficción y que hay que partirse de risa, por no llorar claro.
¿Dónde quedan las verdaderas necesidades e inquietudes de los ciudadanos?, ¿dónde han dejado el sentido común nuestro gobernantes?, ¿harán frente a sus responsabilidades cuando no puedan cumplir una mínima parte de lo que están prometiendo?, ¿de verdad España continúa siendo el país de las maravillas?. Al parecer sí, según ellos, porque a los ciudadanos de a pie, a los que no tenemos una Visa oficial, cada día nos cuesta más echar gasolina para ir a trabajar; por cierto, que nos vendieron los coches de gasoil como la panacea y ahora hay que venderlos rápidamente a precio de saldo porque políticos como la Carmena, alcaldesa de Madrid, no van a dar cuartillo a los coches que utilicen ese líquido para desplazarse. Cada día nos cuesta más el gas y la calefacción para calentarnos, cada día nos cuesta más el pan y los productos básicos para comer, cada día nos cuesta más el teléfono para comunicarnos. Todo es levantarse y escuchar la misma monserga: Cataluña, los políticos presos, Puigdemont riéndose de España y los españoles desde Bélgica, los jueces de ese país riéndose de los jueces españoles y de la ley ibérica. Todo es una risa global donde los cómicos no son ellos sino nosotros, marionetas vamos, ellos son los que manejan los hilos desde la tramolla. Nos reímos, una y mil veces, a cambio de no pensar que, a la postre, es lo que quieren. ¿Soluciones?, habrá que esperar al día del Juicio Final, por la tarde.
Hay noticias bonitas, las menos, heroicas, sentimentales; esas nos hacen sonreír y encogerse el corazón, como esa de un personaje anónimo que trepa hasta un segundo piso para arropar a un anciano ante las llamas que se lo quieren llevar por delante. Las que provienen de los políticos son siempre las mismas: “Y tú más” cuando es negativa para sus intereses, “yo más” cuando es positiva para sí mismos. ¿Quién dijo lo de la tele tonta?, somos nosotros los tontos y ellos lo saben, nos reímos pero anulan nuestro pensamiento y eso, metidos de lleno en el siglo XXI, ya es para hacérselo mirar o para votar en conciencia. El Poder es patológico en sí mismo y es por ello que no deberían hacer de la política su modus vivendi. ¿Es la televisión un medio libre e independiente?, jajajaja, ¿ven?, nos hacen reír.
Francisco Roldán Castro. Presidente de la Asociación Española de Consultores Políticos


















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