¿Qué pasa por la cabeza de un pirómano?
- 26 jun 2017
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Lo primero que nos llega a la mente cuando hablamos de pirómanos son los incendios que, día tras día, asolan cientos miles de hectáreas en todo el Mundo. Y lo segundo es que hay que estar loco para iniciar un fuego que puede llevar a la pérdida de vidas humanas, cuando no flora y fauna autóctona imposible de recuperar a corto plazo.
Según la postura clásica es que el pirómano encuentra placer en lo que hace; es decir, disfruta viendo cómo se quema todo a su alrededor. Curioso que, según un estudio del psiquiatra Guillermo Gabler, quien durante diez años se dedicó a estudiar las fichas de las evaluaciones psiquiátricas que había realizado el Servicio Médico Legal, de todas las personas que habían sido detenidas por haber ocasionado algún incendio, con el objetivo de encontrar el perfil de los pirómanos, ninguno había actuado según la característica esencial del pirómano clásico: impulsado por la excitación de ocasionar incendios. “No encontramos ninguno. La mayoría eran actos voluntarios, con el fin de hacer un daño, como una venganza, o bien, eran pacientes con algún trastorno mental mayor que de manera secundaria quemaban cosas”, explica el experto.
Acabáramos, no se trata de un trastorno mental sino que el pirómano sabe a ciencia cierta el daño que va a causar, a pesar de que en su sapiencia la posibilidad de matar seres vivientes, humanos o no, como consecuencia de sus actos, es inherente. Es decir, que asesinar a personas entra dentro de la posibilidad en su esquema mental.
Las autoridades tiene difícil localizar a los culpables pero una vez arrestados y juzgados las penas son ínfimas. Más bien leves para la magnitud del daño causado. Muchos incendios se deben a negligencias humanas (barbacoa mal apagada, un cigarrillo encendido o los agricultores cuya cultura ancestral es quemar lo que sobra aunque se les vaya la mano en el intento), se entiende pero no es un eximente cuando de pérdidas de vida se trata.
Después del incendio de Portugal, con varias decenas de muertos, y el que está todavía activo junto al Parque Nacional de
, considero que es un deber de la sociedad exigir un cambio en la normativa penal para los pirómanos. No sé hasta dónde, pero no es lógico que incendiar la naturaleza salga gratis, o casi, cuando el culpable es pillado "in fraganti". Que si lo que quiere es vengarse tiene siempre la posibilidad de estamparse la cabeza contra un muro de piedra y romperlo si quiere pero que deje a la naturaleza y a los demás en paz.


















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