top of page

Club de Prensa / Opinión / El último voto

  • 23 abr 2017
  • 3 Min. de lectura


Es inimaginable lo que puede hacer un político por conseguir votos. Anoche vi la película de Kevin Costner "El Último voto"; una floja sátira política donde el voto electoral del actor decide el próximo presidente de loas EE.UU. Es un don nadie fracasado, alcohólico y mujeriego al que su mujer, no sé si peor que él, el abandona y le deja con su hija. Ésta poco menos que es la voz de la conciencia y dirige los pasos de su padre, incluso votando por él, cuando ocurre un problema eléctrico y el voto se queda a medio escrutar, por lo que, según la Ley, hay que dar un margen de diez días para que el protagonista pueda ejercer su derecho ciudadano, sin haber votado porque no fue él sino su vástaga; en fin, de él dependían las elecciones en su país, incitar la balanza a un lado o a otro.


Un proceso, el de los diez días en el que el Presidente y su rival, quienes se disputan dicho voto, hacen uno y mil malabares para llevárselo al huerto, acompañados de sus asesores, quienes, como siempre, la fama que les precede es realmente mala.


Resulta que la máxima de ambos contendientes es ofrecer mensajes siempre relacionados con las apetencias del pueblo (a qué me suena). En este caso de un solo ciudadanos, que daba igual si les gustaba el fútbol americano o no, si bebían cerveza o no, si disparan al plato o no, el caso era agradar a un único elector, hasta tal punto que el republicano se convierte en demócrata y el demócrata en republicano, todo por el voto; incluso en contra del electorado que previamente les había votado. Todo por el Poder, decisión única de una sola persona.


El problema es que la sátira política, según se desarrollaba, me llevó a los paralelismos con la política española que muy en nuestro estilo se asemejaba a la película y castellanizándolo se me vino el dicho aquel de "donde dije digo, digo Diego". Ni más ni menos.


En campaña dicen una cosa y en la realidad hacen otra. Hay partidos que estaban contra la corrupción pero se juntan al Poder y sus reflexiones contra la corrupción se quedan en agua de borrajas. Otros ven en la corrupción sólo la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Y los que tienen el Poder y ahora la corrupción en sus propias filas, hablan de hechos pasados aunque antes de ayer hayan enviado al talego, por chorizo, a alguien que ha sido presidente de la Comunidad de Madrid, afiliado a sus propias siglas.


En estas, el tal Pedro Sánchez, aspirante a todo pero perdedor de todo, sale hoy conque Cataluña es una Nación dentro de otra Nación que es España, pues qué bien; ¿y eso no es lo que está recogido en la Carta Magna?, porque según mi entender Andalucía, por ejemplo, es reconocida como entidad y con nacionalidad propia "dentro de una Nación indisoluble que es España".


Creo, en mi humilde opinión, que a los ciudadanos se nos toma por lelos, o tontos, algo así como que no sabemos lo que hay que hacer y ahí están ellos, los políticos, para indicarnos el camino. Un camino escandalosamente salpicado de corrupción y multimillonarios que antes de ser políticos no tenían nada y que ahora amasan fortunas. Que aquí lo que se lleva es la mordida, y de esa, me temo, pocos se escapan. Y siempre al misma retahíla mucho bombo y platillo pero la gente no llega a final de mes porque no se preocupan de generar empleo. Que nos enteramos que miles de marroquíes empadronados durante un año en Cataluña, la nación de Sánchez, por ejemplo, viven cómodamente en su país cobrando en sus bancos las ayudas de la Seguridad Social Española que, oiga, con setecientos o mil euros mensuales en Marruecos se puede vivir. Corrupción y hermanitas de la Caridad no parece que sean buenos compañeros de viaje. Que yo no estoy en contra de la inmigración pero sí de los que se aprovechan de un sistema en el que los propios españoles somos los peor tratados y eso, sinceramente, no es bueno. Lo estamos viendo en otros países, Francia por ejemplo, donde los populismo afloran porque, es un discurso fácil, se les da de comer a los de fuera y se quedan en la calle los de dentro. No digo más que luego me atizan.

 
 
 

Comentarios


Próximos post
Posts recientes
Buscar por tags
Follow Us
  • Facebook Classic
  • Twitter Classic
  • Google Classic
Contacto
 

Bulevar Príncipe de Hohenlohe 

Marbella

T: +34 658507321
 

info@clubdeprensa.es

  • Facebook B&W
  • Twitter B&W
  • LinkedIn B&W
Clientes pasados y presentes

© 2017. Club de Prensa XXI

bottom of page